lunes, 13 de febrero de 2012
Cuando el arte desgarra la carne
Curioso es lo que sucede cuando uno quiere avanzar en el desarrollo de un trabajo escrito con una fuerte carga creativa. Novela, cuento, ensayo, poema; lejos de los géneros periodísticos clásicos (como el informativo, la crónica, opinión, etc.) y a grandes distancias de los trabajos académicos, la confección de un texto que requiere altas dosis de inspiración suele ser un desafío colosal que muchos asumimos y del que pocos emergemos triunfantes.
¡Cuántos escritores sobresalientes son ignorados por sus sociedades! Y no hablamos de los grandes de la literatura, como los argentinos Borges y Bioy Casares, el franco argentino Cortázar, el norteamericano Edgar Allan Poe, el francés Julio Verne y demás personalidades que me llevaría todo un día enlistar. Sino de escritores nóveles, profesionales o aficionados, quienes pujan día a día para mejorar su pluma y compartir sus mundos con los demás.
No puede negarse que escribir es un arte que desgarra la carne cuando se intenta dominar. Los dedos duelen, los ojos arden y el ego se encoge. Nada parece suficiente si el perfeccionismo inspira al emisor. Sin embargo, es altamente gratificante cuando se alcanza el objetivo, y las críticas de los lectores - positivas o negativas - incentivan a continuar con la actividad. Después de todo, como dice el dicho, "la práctica hace al maestro".
En mi caso, desde 2007 que escribo de una novela de ficción, que requiere cierta investigación a pesar del género, porque la historia así lo amerita. Entre las ocupaciones profesionales, la licenciatura - ahora ya obtenida - y demás actividades personales, las metas programadas fueron distanciándose. No obstante, seguí transitando el camino, a un ritmo menor, más sin pausa.
Quizás el escritor sea un quijote luchando contra los molinos de viento, un demente candoroso quién juega a ser Dios creando mundos que sólo existen en su mente, los que luego cobran vida y lo superan, dejándolo sin nada, y con la idea de haber construido una dimensión que jamás fue suya.
Transcender en nuestro idioma tiene varias acepciones: extenderse a gran distancia, empezar a ser conocido, "estar o ir más allá de algo" (RAE, 2012) o averiguar algo que está oculto. Inventar un mundo como excusa para mostrarse al otro, y que éste reconozca al autor por su producción. O, simplemente, conocerse a uno mismo. De cualquier forma, el arte de escribir será siempre un desafío que condena al autor a instruirse y liberar su inspiración o morir en el intento.
Publicadas por
Jorge Anunziato
a las
7:20 p. m.
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Etiquetas: arte, bioy casares, borges, cortázar, creatividad, edgar allan poe, escritura, ficción, julio verne, literatura, novela, poesía
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